El trabajo de las editoriales está siempre rodeado de una variada fauna de personajes movidos por el deseo y la idealización —por si fueran, acaso, cosas distintas—. Dejando de lado a ciertos autores, editores, periodistas, libreros, transportistas, imprenteros y gente por el estilo que de verdad logró construir un oficio y, también de verdad, más o menos trabaja todos los días, después de una buena cantidad de años una editorial se transforma en un embudo capaz de absorber y repeler al mismo tiempo a un segundo círculo de personas que, de entrada, son innecesarias para la marcha diaria del asunto pero que a la larga tal vez le den alguna razón de existencia.
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domingo, enero 31, 2016
03 / Vivir afuera
El trabajo de las editoriales está siempre rodeado de una variada fauna de personajes movidos por el deseo y la idealización —por si fueran, acaso, cosas distintas—. Dejando de lado a ciertos autores, editores, periodistas, libreros, transportistas, imprenteros y gente por el estilo que de verdad logró construir un oficio y, también de verdad, más o menos trabaja todos los días, después de una buena cantidad de años una editorial se transforma en un embudo capaz de absorber y repeler al mismo tiempo a un segundo círculo de personas que, de entrada, son innecesarias para la marcha diaria del asunto pero que a la larga tal vez le den alguna razón de existencia.
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