Sobre: Osvaldo Lamborghini, Poemas. 1969-1985,
Buenos Aires, Sudamericana, 2004.
En La obsesión del espacio, Ricardo Zelarayán incluyó un pequeño texto al final («Posfacio con deudas»), a modo de nota de agradecimiento, que resume una manera de entender la poesía y que, en 1972 (año de la primera edición de ese libro, que no lo incluía), podría haber sido la enunciación simple de algunos aspectos del programa de la revista Literal (aparecida entre 1973 y 1975, y que Osvaldo Lamborghini dirigió) o de varias de las líneas que se impusieron en la poesía argentina en la década de los ochenta y noventa. Escribe Zelarayán: «La poesía debe leerse. La única poesía que no se lee es la de los actos y palabras que no se proponen ser poéticos. En fin, el lenguaje es para mí la única realidad. Esto no es ninguna novedad, es una simple afirmación. Si la realidad está en alguna parte, está en el lenguaje. La primera tarea del hablado por la poesía ha sido nombrar las cosas, las cosas que no son las cosas sin las palabras. Pienso que el realmente hablado por la poesía es el que sigue y seguirá nombrado las cosas, es decir cambiándolas, transformándolas continuamente. La poesía es una renovación, subversión permanente. Insisto en que no hay poetas, hay simples vectores de poesía».
