lunes, noviembre 13, 2017

08 / The way we were

Alberto Breccia, «La gallina degollada»
(de Horacio Quiroga)
En el suplemento cultural o en las páginas de cultura de un diario español que todos leemos (al menos esas páginas), aparece hoy la entrevista a una joven escritora latinoamericana. Es meritoria por ser joven, por ser escritora, por ser latinoamericana y porque hay algo siempre deseado en ese retorno a la madre patria que nos hace suponer una especie de consagración automática que, de alguna manera, nos redime y nos venga. Nació en un lugar de Latinoamérica que los que nacimos en el Río de la Plata, fatalmente condenados a un resentimiento atávico, consideraríamos profundamente latinoamericano, distinto del resto de los lugares latinoamericanos por los que nos movemos y de los que nos cuesta creer que estén en realidad ahí, en el mismo culo del mundo en el que estamos nosotros (que nos creemos españoles, franceses, norteamericanos y cualquier otra cosa que no destile olor a indio, mucho calor o mucho frío o piñones en una cazuela sobre el fuego). El título de la entrevista, con una estructura similar a la del típico cuestionario Proust, es algo así como: «Una vez soñé con una nave espacial. Evidentemente, eran marcianos». 

martes, julio 18, 2017

Roberto Bolaño [Los sinsabores del verdadero policía]

Solamente una cita:

Roberto Bolaño, Los sinsabores del verdadero policía,
Barcelona, Anagrama, 2011; 328 pp


25. 

¿Y qué fue lo que aprendieron los alumnos de Amalfitano? Aprendieron a recitar en voz alta. Memorizaron los dos o tres poemas que más amaban para recordarlos y recitarlos en los momentos oportunos: funerales, bodas, soledades. Comprendieron que un libro era un laberinto y un desierto. Que lo más importante del mundo era leer y viajar, tal vez la misma cosa, sin detenerse nunca. Que al cabo de las lecturas los escritores salían del alma de las piedras, que era donde vivían después de muertos, y se instalaban en el alma de los lectores como en una prisión mullida, pero que después esa prisión se ensanchaba o explotaba. Que todo sistema de escritura es una traición. Que la poesía verdadera vive entre el abismo y la desdicha y que cerca de su casa pasa el camino real de los actos gratuitos, de la elegancia de los ojos y de la suerte de Marcabrú. Que la principal enseñanza de la literatura era la valentía, una valentía rara, como un pozo de piedra en medio de un paisaje lacustre, una valentía semejante a un torbellino y a un espejo. Que no era más cómodo leer que escribir. Que leyendo se aprendía a dudar y a recordar. Que la memoria era el amor. [p. 146]

Y un documental:


Documental



jueves, marzo 23, 2017

Eduardo Muslip [Phoenix]

 Eduardo Muslip, Phoenix, Buenos Aires,
Malón Editorial, 2009; 190 pp.
Este libro me lo envió por correo Fabián O. Iriarte en algún momento de 2013 (dedicado y con entusiasmo, por supuesto). En ese momento, lo leí enseguida y luego lo olvidé, señal de que la lectura había sido un poco desatenta o quizás apurada. Por motivos que sería largo explicar, ahora volví a leerlo y volvió a gustarme («Paraguay» más que antes). Mientras lo hacía, fiel al procedimiento, marqué zonas que esta vez sirvieron para evocar a algunas personas específicas que, espero, sabrán reconocerse en esta escueta selección. 

[Las citas no son estrictamente todas las que me interesan sino que, amañadas en orden y elección, quieren contribuir a esa evocación en la que, para ser justo, también intento reflejarme].

Yo mantengo un estado de tensión con aquello de lo que no me ocupo; me parece que ciertas cosas del mundo siguen existiendo porque en algún nivel yo sigo atento a ellas, lo que es una cansadora gansada pero bueno, no puedo evitar pensarlo. [p. 22]

[Se refiere a personas que viven en Roma y que conversan en inglés]. Esas frases simples crearán el efecto de que la vida en general y las vidas de las personas que las profieren también son simples. [p. 94]

Hay personas cuya visión periférica les aporta estímulos mayores que aquello en lo que hacen foco, pero cuando pasan a hacer foco en aquello que las atraía desde la periferia, en seguida pierden interés, distraídas por nuevos estímulos, y así siempre. [p. 73]

La sensación de irrealidad se disolvió; hablar de los padres es siempre hablar de la realidad. [p. 97]

...sospecho que la familia es el principal origen de fuerzas que pueden desbaratarlo todo. [p. 113]

Mis proyectos también se hacen más y más detallados, su ejecución me lleva al reconocimiento, el éxito, la gloria; brillan tanto que pierden toda materialidad y se transforman en mera luz, y se desvanecen como tales. [...] Me entristece releer mis diarios: puro futuro, puro tengo que hacer, voy a hacer, debería hacer, haré. [p. 35]


domingo, julio 03, 2016

Sergio Chejfec [Últimas noticias de la escritura]

Sergio Chejfec, Últimas noticias de la escritura,
Buenos Aires, Entropía, 2015; 116 p.
Por otra parte, hay una creencia personal pero compartida por muchos, aunque en distinto grado de intensidad: la creencia en la escritura. ¿Alguien puede sostener con seriedad que la escritura no existe? Sería como negar la lluvia. [p. 13, nota 1]


...me referí al problema de tener una libreta de notas inacabable: según pasa el tiempo se transforma en evidencia de lo no escrito más que en prueba de lo que se escribió. [p. 18]



...la escritura como algo que debía ser actuado. Actuado para que alcanzara un grado natural de verdad, y para que cada una de las poses, inclinaciones, actitudes, etc., vinculadas con la escritura, fuera un salvoconducto más eficaz no ya para que yo cambiara, sino para que una naturaleza adicional vinculada con la escritura o con lo literario en general viniera a rescatarme de la angustia y el desamparo. [p. 27]


A veces me veo como un enunciador de saberes en extinción o disolución —¿la literatura no consiste también en eso?—. [p. 45]


De hecho, en mi caso dejar de fumar coincidió con la adaptación a la computadora. Como si la desmaterialización de la escritura naturalmente hubiese abolido algunos hábitos también rodeados de mediaciones mecánicas o materiales. [p 45, nota 20]


La intangibilidad de lo escrito a veces se revierte sobre la relación inestable, y de por sí también intangible, que la escritura establece con lo que busca decir. [p. 46]


Esa condición flotante de la escritura sobre la pantalla me hace pensar en ella como poseedora de una entidad más distintiva y ajustada que la física. Como si la presencia electrónica, al ser inmaterial, se hermanara mejor a la insustancialidad de las palabras y a la habitual ambigüedad que muchas veces evocan. [p. 49]


...yo diría que si existe la posibilidad de un realismo en literatura alejado de sus propias convenciones ahora agotadas, ello pasa por la idea de instalación en tanto artefacto que muestre la propia artificiosidad de la narración y al hacerlo conserve, más bien proteja, la materialidad externa de los objetos que exhibe o descubre. [p. 78]


[sobre los subrayados]


domingo, junio 05, 2016

Juan Manuel Inchauspe [Poesía completa]

Sin nombres
Inchauspe
Juan Manuel Inchauspe, Poesía completa, Santa Fe, Universidad Nacional del Litoral, 1994

[...]
Hemos dejado tantas cosas olvidadas, llamado tantas veces a la puerta, que ver cómo se nos muere la hermosa confianza es apenas, apenas, un gesto de cansancio. [p. 19]



4.
[...]
La ceniza sobre la mesa, el lomo de los libros
y ese desorden de papeles como de algo
que fue nerviosamente buscado durante la noche. [p. 37]



5.
Suave es caer en la habitación 
cuando hemos dejado detrás 
esa acumulación crujiente de horas
quemadas para vivir.

Suave la presencia de los muebles
la línea de tu nuca acompañando
la inclinación de tu cabeza sobre el libro.
Suave el fondo de mar de tus ojos.

Y más suave la hora —en que ya cansado
pero terriblemente libre— enciendo 
la lámpara que apagaré muy tarde.

May. 1966 [p. 39]